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Hacienda Xtepén, pilar en el turismo de negocios de Yucatán
03 de Julio de 2024 |Destinos-Negocios
Texto: Juan Gerardo Reyes / Fotos: Alan Alpizar
Las haciendas en Yucatán que fueron mudos testigos de una época de explotación y sacrificio de miles de indígenas esclavos en el cultivo y proceso del henequén. Hoy se posicionan con todo su esplendor como escenario de bodas, banquetes, eventos corporativos e incluso recepciones para congresistas y convencionistas, como es el caso de Xpetén, una “joya" arquitectónica con una capacidad hasta 5 mil personas en su patio principal.
A manera de recuerdo habría que decir que el henequén es una planta originaria de Yucatán, conocida por los mayas como ki, cuya fibra la denominaron soskil, favorecen su hilado y su tratamiento textil. La fibra es primero extraída de la planta y posteriormente procesada en diversas formas, a fin de obtener una gama de productos de uso doméstico, comercial, agrícola e industrial, como los lazos y cuerdas.
La industria del henequén tuvo su auge hasta mediados del siglo xx y permitió el florecimiento de lujosas haciendas. Pero en la década de 1913 empezó el derrumbe de su impacto social y económico, por la invención y la generalización del uso de las fibras sintéticas, así como la fabricación de otros productos que desplazaron a los elaborados con la fibra del henequén.
Hoy, el equipo de la Revista Confines, de la mano del director y propietario de la hacienda Xtepéx, Raúl Casares iniciamos un recorrido por toda la propiedad ubicada en el municipio de Umán, a 20 minutos del aeropuerto internacional de Mérida y 30 del Centro Histórico de la capital del Estado.
Xpetén en maya significa “mariposa”, nos dice Raúl Casares, mientras señala lo que se conoce como el casco de la hacienda que compone casa principal, habitaciones para huéspedes, bodega de almacenamiento y, ¡claro!, no podía faltar, una capilla, además de jardines y 50 hectáreas de plantíos de cítricos.
Es, agrega el anfitrión, una hacienda de 400 hectáreas actualmente, pero llegó a ser de 10 mil hectáreas. Pero esta, dice con orgullo, es la hacienda cabecera, original, restaurada en el año 2000. Sus pisos exteriores son turcos y los interiores sevillanos.
En medio de uno de los jardines de la hacienda recuerda Raúl Casares que el 90 por ciento de todos los árboles de Yucatán fueron traídos de fuera. Solo tenemos uno, que es sagrado, la ceiba, misma que en la mitología maya conecta el cielo con el inframundo. Aquí hay laurel de la India, flamboyán, ficus, tamarindo o buganvilias, entre otros árboles.
Escenario perfecto para eventos
Uno a uno fue mostrando los espacios de la hacienda los cuales, en su mayoría, se usan para ceremonias como bodas, bautizos, quince años, graduaciones o fiestas para congresistas, convencionistas o de empresas en sus viajes de incentivos. En este punto hizo un paréntesis para explicar que el mercado ya se recuperó hasta en un 90 por ciento.
Una y otra vez Raúl Casares nos recuerda que esta es una hacienda henequenera del siglo XVIII y cuante con diferentes áreas como piscina, terrazas, capilla, casa de máquinas, casa principal, salón de banquetes, jardines, así́ como auténticas casitas mayas originarias de la época.
Con base en ello nos explica que entre la oferta para reuniones destacan espacios como la casa principal con capacidad para 700 personas; tiene dos terrazas, una orientada al norte con capacidad máxima de 300 personas y otra orientada al sur con capacidad máxima de 300 personas.
Le sigue la Capilla, con capacidad máxima de 120 personas. Es una singular capilla con retablos del reconocido ebanista Agustín Parra, con paredes y techos pintados a mano. Además, conserva lámparas de bronce con alabastro. A unos pasos, dentro de la misma propiedad se ubica el Bosque de Ficus que, como su nombre lo indica es un jardín con árboles ficus, cedros y ceibos. Aquí pueden convivir, cómodamente, 400 personas.
Sin embargo, para nuestro anfitrión, el espacio más representativo de la propiedad es la explanada principal, donde se han desarrollado diferentes fiestas y ceremonia para toda clase se organizaciones. Este lugar puede albergar cómodamente 5,000 personas. El patio está flanqueado en sus cuatro lados por: la casa de máquinas, la casa principal, el tanque o cárcamo de agua y búngalos con el estilo original de la época.
En un sitio un poco más escondido se encuentra el Jardín de las 4 Estaciones, con capacidad para 800 personas. Se nombró así por las 4 esculturas de mármol de Carrara que adornan las esquinas: primavera, verano, otoño e invierno.
A todos estos sitios les siguen otros de menos capacidad, pero con un atractivo singlar. Tal es el caso del Salón Unicornio, para 120 personas. Es un salón climatizado, con pardes y techos pintados a mano, adornado con copias exactas de unicornios ubicados en el museo The Cloisters de Nuerva York y del Museo Cluny de París; le sigue la Piscina, espacio para 400 personas, donde se comparte un espacio tanto en terrazas como en jardín. Cuenta con área de bar y con muebles originales de la hacienda con más de 200 años.
Así, esta hacienda henequenera la cual vio sus años de esplendor a la mitad del siglo pasado, hoy recobra vida, para agradar a propios y extraños en fiesta y reuniones, en una industria como la de congresos y convenciones, que poco a poco recobra los niveles perdidos por la crisis económica y la epidemia que lastimó al mundo entero.